Son los que llevo con columna
fija en San Fernando Información. Fue en 2010 cuando mi hermano en la
eternidad, Pepe Moreno Fraile, me ofreció colaborar con una tribuna en el
decano de la prensa local de mi querida Isla de León.
¿Por qué en 2010? Pues porque
ese año cesé en mis funciones como secretario y de la junta de gobierno de mí
siempre querida Hermandad de Afligidos. Siempre he defendido que una persona
que escriba una columna de opinión o participe como tertuliano en un programa
de radio y televisión no debe formar parte de ninguna directiva porque, para
alzar la voz en el desierto que nos rodea libremente, no es recomendable estar
sujeto a ataduras.
En 2012 fui designado miembro
de la Comisión Pro-Corpus Christi de San Fernando, propuesto por el
Arciprestazgo. En los meses que duró la preparación de esta solemnidad, dejé de
escribir en las columnas que tenía comprometidas. Una vez conseguido el fin,
que era que la procesión de S.D.M. volviera a celebrarse por las tardes, tras
el fallido experimento de los dos años anteriores, decidí dimitir y volver a la
normalidad. Entre ellas estaba reincorporarme a mis tribunas de opinión.
Durante unos años escribía
artículos, por supuesto diferentes y originales, tanto en San Fernando
Información como en San Fernando Cofrade, que estaba dirigido por el
periodista, crítico de cine y querido amigo, José Carlos Fernández Moscoso.
Tras el triste fallecimiento
en julio de 2022 de mi añorado José Valentín Moreno Fraile, lo sustituyó su
mujer y principal colaboradora, Aurora Marín Astorga, que enseguida me pidió
que siguiera escribiendo como siempre, cosa que hago todos los lunes, salvo los
correspondientes al mes de agosto.
Llevo quince años al servicio
de la palabra, compartiendo reflexiones e ideas. Desde una perspectiva
arraigada en el humanismo cristiano, he ofrecido una opinión honesta sobre los
asuntos que nos conciernen. Asimismo, he procurado siempre destacar la valiosa
labor social y espiritual de nuestras HH. y CC. También, si hace falta, dar un
tirón de oreja para que este apasionante carisma no caiga en la desidia e
incluso en el poder reinante.
Quince años, que se dicen
pronto, asomándome a esta privilegiada ventana. Escribir una columna con olor a
papel, el mayor patrimonio para un romántico como yo, en el medio local más
antiguo de San Fernando, es un auténtico regalo de Dios.
Por supuesto, ya no soy el que
era; los tres lustros han pasado y la madurez habita en mi ser. En estos quince
años he tenido, incluso, la desgracia de perder la Fe, felizmente recuperada
gracias al Cristo de la Sangre de Burgos y a Caridad y Salvación.
Quienes opinamos en los medios
solemos olvidar nuestra responsabilidad: debemos usar este privilegio para
servir, no para ser servidos. Pero claro, eso es una cosa que se aprende con
los años y los errores cometidos.
Jesús Rodríguez Arias


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