Hoy, como siempre, desde que tengo uso de razón, me siento orgulloso de ser hijo del Cuerpo de la Policía Nacional.
Orgulloso de los que se enfundan el azul uniforme y nos protegen cada día sin importar si arriesgan sus vidas, de aquellos incluso que han muerto en acto de servicio o los que fallecieron para los que su mayor honor y gloria fue ser policías.
Orgulloso de sus mujeres, maridos, parejas, hijos, padres, hermanos, familias.
Orgulloso también de la gran Familia que conforma en sí la Policía Nacional.
Lo he vivido en casa, sé de la fidelidad de mi padre al Cuerpo al que sirvió hasta la hora de expirar, la inmensa gratitud de mí madre que fue la que me la transmitió a mí.
La Policía eres tú que ahora mismo patrullas en un Zeta, es quién está con las personas que se sienten vulnerables, quienes acompañáis en los momentos duros de violencia contra la mujer, atendiendo una denuncia, es quienes prestáis servicios en la Científica, Subsuelo, coordinando acciones contra el narcotráfico y la delincuencia organizada, quienes ejercer sus funciones en la Unidad de Guías Caninos, en la labores del gabinete de comunicación, protocolo, administración, expidiendo DNI, antidisturbios, ofreciendo charlas a los jóvenes sobre los peligros de internet y otra cosas dañina para ellos o estás en un despacho dirigiendo y coordinando todo, que sufres con el sufrimiento de tus subordinados y te alegras de sus alegrías.
Sois los que estando ya jubilados, un policía nunca se retira porque el Cuerpo es parte de su existencia, vivís vuestros recuerdos, frecuentáis a amigos también policías ya estén retirados o en servicio activo y sois los principales defensores de la Policía Nacional. A los que les brotan las lágrimas cuando escuchan el himno.
Sentir latir el corazón en color azul es en definitiva llevar inoculados en el mismo los principios del Servicio, Dignidad, Entrega y Lealtad.
Sí, como ayer y siempre, me siento inmensamente orgulloso de ser hijo del Cuerpo de la Policía Nacional.
Jesús Rodríguez Arias














