Cada vez que escucho la
prodigiosa voz de Raphael cantar “Volveré a nacer” indefectiblemente mis
pensamientos se retrotraen a los recuerdos. En una parte de la letra de esta me
identifico porque yo, tal cual él la canta, “pasé de la niñez a mis asuntos”.
No conocí la nieve hasta que
llegué a Villaluenga del Rosario. Recuerdo que en la madrugada de un viernes a
un sábado hace ya bastantes años nos despertó un clamoroso silencio, más
inclusive del que se vive a diario por estos lares. Nos asomamos a la ventana
de la casa que teníamos alquilada frente a la ermita de San Gregorio y vimos
como caían los copos de nieves tan sutil y armoniosamente que parecía que estos
escribían una bella poesía en el firmamento. Serían las seis de la madrugada y
nos asomamos a la puerta para contemplar tan maravillosa experiencia. Al poco
todos los tejados aparecían blancos, el verde prado del día anterior era una
uniforme alfombra blanca, la carretera había desaparecido porque la nieve
también la había cubierto. Cuando amaneció ya estábamos pisando la virgen capa
de nieve que nos íbamos encontrando. ¿Hacía frío? Seguramente, aunque nosotros
no lo notábamos. Tras una quitanieves apareció una luenga fila de coches de
quienes querían disfrutar de un día blanco en la Sierra de Cádiz. En años
posteriores también hubo nevadas, aunque nunca como esa primera vez para mí.
En el pueblo más alto y pequeño de la provincia de Cádiz conocí lo que era ver nevar, aunque donde verdaderamente la disfruté fue en el pequeño pueblo de la Cantabria interior, situado en el Real Valle de Valderredible, como es Loma Somera. Sí, porque en esos lares del norte de España nevar es otra cosa, más rotunda y blanca si cabe.
Al día siguiente nos íbamos al
encuentro de esta, viendo como todo el paisaje, las montañas, era blanco. Nos
dirigíamos a Reinosa, conocida como la capital la capital de la nieve y de ahí
hacia Alto Campoo. Impresionante los prados, valles, arboleda, montañas,
recubiertas de un blanco tan esplendoroso que cuando salía el sol daba a todo
un matiz de pureza. Nieve hasta poco menos de la rodilla cuando intentábamos
caminar un poco.
El sábado 24 de enero de nuevo
el cielo volvió a pintar de blanco a Villaluenga del Rosario, ha sido un
precioso regalo de Dios que nos ha permitido vivir la siempre gozosa
experiencia de ver nevar después de tres años pasando el invierno en Cantabria.
Y es que la nieve sosiega el ánimo y caldea el espíritu con la belleza que en sí genera.
Jesús Rodríguez Arias
* Artículo escrito y entregado el día antes de que la #BorrascaLeonardo destrozara cuanto se ponía a su paso viviéndose situaciones demoledoras en Grazalema, Ubrique, Arcos, Torre Alháquime amén de destrozar las carreteras de la Sierra de Cádiz.
A lo mejor, este artículo a modo de recuerdos sobre la nieve puede servir para endulzar un poco todo cuanto estamos viviendo.














