lunes, 9 de febrero de 2026

La nieve

 




Cada vez que escucho la prodigiosa voz de Raphael cantar “Volveré a nacer” indefectiblemente mis pensamientos se retrotraen a los recuerdos. En una parte de la letra de esta me identifico porque yo, tal cual él la canta, “pasé de la niñez a mis asuntos”.

No conocí la nieve hasta que llegué a Villaluenga del Rosario. Recuerdo que en la madrugada de un viernes a un sábado hace ya bastantes años nos despertó un clamoroso silencio, más inclusive del que se vive a diario por estos lares. Nos asomamos a la ventana de la casa que teníamos alquilada frente a la ermita de San Gregorio y vimos como caían los copos de nieves tan sutil y armoniosamente que parecía que estos escribían una bella poesía en el firmamento. Serían las seis de la madrugada y nos asomamos a la puerta para contemplar tan maravillosa experiencia. Al poco todos los tejados aparecían blancos, el verde prado del día anterior era una uniforme alfombra blanca, la carretera había desaparecido porque la nieve también la había cubierto. Cuando amaneció ya estábamos pisando la virgen capa de nieve que nos íbamos encontrando. ¿Hacía frío? Seguramente, aunque nosotros no lo notábamos. Tras una quitanieves apareció una luenga fila de coches de quienes querían disfrutar de un día blanco en la Sierra de Cádiz. En años posteriores también hubo nevadas, aunque nunca como esa primera vez para mí.

En el pueblo más alto y pequeño de la provincia de Cádiz conocí lo que era ver nevar, aunque donde verdaderamente la disfruté fue en el pequeño pueblo de la Cantabria interior, situado en el Real Valle de Valderredible, como es Loma Somera. Sí, porque en esos lares del norte de España nevar es otra cosa, más rotunda y blanca si cabe.


Al día siguiente nos íbamos al encuentro de esta, viendo como todo el paisaje, las montañas, era blanco. Nos dirigíamos a Reinosa, conocida como la capital la capital de la nieve y de ahí hacia Alto Campoo. Impresionante los prados, valles, arboleda, montañas, recubiertas de un blanco tan esplendoroso que cuando salía el sol daba a todo un matiz de pureza. Nieve hasta poco menos de la rodilla cuando intentábamos caminar un poco.

También guardo gratos recuerdos de pueblos y lugares de la conocida montaña palentina, así como del norte de Burgos. Cuando salíamos del coche en algún que otro mirador el frío que hacía era tan penetrante que parecía estuviésemos metidos en un enorme congelador. Ni que decir de todos los pueblos que conforman el Valle de Liébana y los Picos de Europa que lo coronan.

El sábado 24 de enero de nuevo el cielo volvió a pintar de blanco a Villaluenga del Rosario, ha sido un precioso regalo de Dios que nos ha permitido vivir la siempre gozosa experiencia de ver nevar después de tres años pasando el invierno en Cantabria.

Y es que la nieve sosiega el ánimo y caldea el espíritu con la belleza que en sí genera.

Jesús Rodríguez Arias


* Artículo escrito y entregado el día antes de que la #BorrascaLeonardo destrozara cuanto se ponía a su paso viviéndose situaciones demoledoras en Grazalema, Ubrique, Arcos, Torre Alháquime amén de destrozar las carreteras de la Sierra de Cádiz.

A lo mejor, este artículo a modo de recuerdos sobre la nieve puede servir para endulzar un poco todo cuanto estamos viviendo.

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