El mundo, nunca se detuvo un
momento, la noche siempre sigue al día, y el día llegará. Esta mítica canción
que popularizó Jimy Fontana (Enrico Sbriccoli), muestra un fiel reflejo que el
mundo no para ni un momento y los que en él habitamos somos hijos de la época
que nos tocó vivir.
Nuestro mundo, que dista mucho
de los años sesenta del pasado siglo, cuando fue escrita esta preciosa canción,
ha ido avanzando mucho en los campos tecnológicos, en la concepción de la
propia vida, de las relaciones con los demás, de pensar, con cierta inmadurez,
hasta donde podríamos llegar y al final nuestro itinerario existencial transita
por otros caminos, mejores o peores, que son los que nos han tocado en suerte.
De ahí que haya demasiados que se sientan frustrados con los que podrían haber
sido y nunca llegaron a serlo.
Cada uno vivimos según
nuestras particulares circunstancias, algunas escogidas, otras sobrevenidas y
otras que llegan sorpresivamente. Adecuamos nuestra existencia al propio
pensamiento y asumimos que esa es nuestra realidad y que esta, al ser
compartida por muchos, forma parte de la cotidianidad.
Un mundo, que, gracias a las
calles digitales de la red, está deshumanizándose porque parece que todo lo
virtual es real, aunque a veces diste mucho de serlo. Hay personas que no
quieren saber nada de su prójimo, el que está al lado y también enfrente. Todo
entra de la pantalla para adentro y sale en forma de interrelación con los
demás de esta para afuera.
En un mundo que está demasiado intoxicado con ideologías de todo pelaje y género, todo deber se matizado, es cuestionable y para pervivir hay que adecuar el paso al dictado de los que en verdad parecen ser dueños de todo.
Y claro, son muchas las voces
críticas que dicen que la Iglesia Católica debe cambiar como lo hace el mundo.
Así como la concepción de un dios light, al cual se le elimina toda su
divinidad, donde cabe todo, aunque vaya en contra incluso de las más
elementales normas de la ley natural.
Eso sí, la persona que se
declare católica, apostólica y romana, que defienda la Iglesia, siga los
postulados que nos dejó Jesús en los Evangelios, así como a Dios, Uno y Trino,
debe ser excluida de todo lugar, defenestrándola al más recóndito del arcén del
olvido.
Sí, el mundo, lo que desea es
un dios bufé donde todo vale, todo está permitido, todo se puede hacer.
Ante esto soy de los que piensan que mi reino no es de este mundo. Soy lo que soy gracias a Dios, en sus redentores brazos me abandono, y aunque mi corazón busca el cielo mis pies siguen firmes en la tierra.
Jesús Rodríguez Arias

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