En esta época del año se eleva
siempre la misma pregunta: ¿Qué gusta más el frío o el calor? Desde La Atalaya
donde observo el discurrir de la vida pienso que las opciones variarán
dependiendo si estamos en verano o en invierno.
El ser humano es inconformista
por lo tanto nada le va a gustar al cien por cien. Si hace un gélido frío
nuestra mente se dirige indefectiblemente hacia la playa, el mar azul plata,
disfrutando del calor y el color del verano. El ánimo tiende a la alegría y a
disfrutar en la medida de las posibilidades de cada cual.
En cambio, si estamos
soportando unas tórridas temperaturas y la calor nos hace irrespirable hasta la
propia existencia pues nuestro pensamiento se dirige al siempre melancólico
invierno, con sus cielos grises, con la lluvia limpiando el ambiente, el blancor
de la nieve, el calorcito de la estufa o de la chimenea.
La cuestión es quejarse por todo y no estar a gusto con nada. Si os tengo que ser sincero a mí me gustan todas las estaciones del año. Soy más de primavera, a pesar de la alergia, así como del siempre poético invierno. Me gusta el invierno, también el verano, aunque reconozco que más lo segundo que lo primero por el simple hecho de que la época estival tiene vivos colores, la gente tiende a salir, tomar algo en un bar, charlar por la noche en el patio y terrazas. Es la estación en la que languidecemos los que tenemos la tensión baja, pero nos gusta el color de vida que tiene.
Dicen, y con bastante razón,
que el verano son para los ricos, para los que tienen un buen colchón por medio
de ahorros. Estos, en los tiempos que corren, son los privilegiados que pueden
permitirse el lujo de viajar e incluso veranear en el norte de España que
siempre es más plácido que los que vivimos en el sur.
Tenemos un amigo, abogado del
Estado, que cuando cogió en agosto vacaciones en vez de irse, como era su
costumbre, a Asturias con su mujer e hijo, decidieron cambiar de planes y
venirse al sur, más concretamente a un chalé en Vistahermosa (El Puerto de Santa
María). Habían alquilado una quincena y nunca habían estado por estos lares en
época estival. Quedamos en vernos un día, comer juntos, y ponernos al día.
Ese año hizo mucho calor y a
la semana lo llamamos y nos comentaron que cómo podíamos soportar este calor,
qué ellos no podían ni ir a la playa porque se asaban vivos, que lo que hacían
era salir de noche y sentarse en una terraza para cenar mientras veían
anochecer. Que habían llegado a un acuerdo con el propietario para marchar
antes de tiempo hacia el Principado de Asturias.
Y es que la calor de nuestra
tierra no la soporta todo el mundo.
Me despido hasta el lunes 20 de julio. Os deseo a todos una buena Feria del Carmen y de la Sal.
Jesús Rodríguez Arias

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