El pasado Jueves Santo salía
por vez primera Nuestra Señora de la Paz, Titular junto al Santísimo Cristo del
Perdón de la Hermandad que lleva La Casería como bandera. Lo hacía con un
precioso paso de palio color de la advocación que lleva por nombre, exornada
primorosa y elegantemente vestida.
Día de júbilo para su
Hermandad que por fin podía ver a sus dos Titulares procesionar por las calles
de San Fernando, día histórico para una ciudad como San Fernando pues
contemplaba como se completaba el cortejo de esta cofradía y día de alegría
para los cristianos-cofrades de San Fernando, una ciudad que es tan nuestra
como de todos pues en sus raíces fluctúan generaciones de marinos, infantes de
marina, militares del Ejército de Tierra, los otrora quintos de Camposoto. En
nuestros árboles genealógicos casi nadie es de La Isla al cien por cien, aunque
los que hemos vivido desde siempre, algunos caminamos errantes por estos mundos
de Dios, la sintamos más nuestra. De ahí la diferencia entre isleños y
cañaíllas.
Debo reconocer que nuestra intención era asistir en persona a la primera salida penitencial de la Madre y Señora de la Paz, antes habríamos presenciado el discurrir de nuestra jerezana Hermandad de la Redención, pero como es bien sabido “el hombre propone y Dios dispone” y ese día dispuso que nos quedáramos en La Atalaya, nuestra casita en lo alto de la montaña.
A mí me pasa algo, debe ser
una rareza, que cuando estoy contemplando un paso, sea de misterio o palio, no
me fijo nada más que en Jesús y María bajo las distintas advocaciones, me
deleito con la túnica, saya, manto o como se yergue frente al mundo cuando aparece
Cristo crucificado. El exorno floral y en el caso de los palios, las
candelerías, así como de los faldones si estos van bordados. Cuando uno está
tan ensimismado en Ellos, cuando las plegarias salen a borbotones del corazón y
también el agradecimiento, es muy difícil abstraerse con otra cosa.
Después, a lo lejos o cuando
la ves por televisión, si distingues como van mecidos. Sobre este apartado en
cuestión permitidme no opinar, aun siendo fiel defensor de las particularidades
de cada lugar que lo hace único, no quiero decir nada más ya que al parecer en
esta Isla de León hay demasiados “entendidos” en la materia y yo, como Sócrates,
“solo sé que no sé nada”.
Lo que no es de recibo es lo
que he leído en redes sociales, mis entendederas no llegan a comprender tantos
exabruptos que rebasan los límites de lo que debería ser la normal convivencia
y la buena educación, convirtiéndose en un reflejo de la falta de valores que
atesoramos como sociedad y de la polarización que vivimos.
En fin, felicidades a la
Hermandad de Perdón por embellecer, aún más, La Isla con la preciosa imagen
salida de las manos del imaginero y querido hermano en la Redención Salesiana,
Juan Ventura.
Que la Paz nos acompañe
siempre.
Jesús Rodríguez Arias


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