Con mi semanal tribuna de
todos los lunes en San Fernando Información quiero adherirme a las
declaraciones del arzobispo de Sevilla, Monseñor Don José Ángel Saiz Meneses,
en relación con la propuesta de reforma constitucional sobre el aborto y
asimismo reafirmo mi compromiso firme con la defensa de la vida humana,
especialmente en sus etapas más vulnerables, tal y como ha recordado el prelado
del arzobispado hispalense, el aborto supone “la destrucción de la vida de los
seres humanos más inocentes e indefensos”, siendo considerado un acto
gravemente contrario a la dignidad humana y a la enseñanza de la Iglesia.
Tanto el Consejo como las
Hermandes y Cofradías de San Fernando se han adherido a las palabras de
Monseñor Saiz Meneses en un claro y decidido apoyo a la vida humana desde su
concepción hasta su muerte y nos invitan a seguir trabajando por una sociedad
en valores donde se proteja el derecho fundamental a la vida.
El otro día escuchaba en YouTube una meditación del Padre Ángel Espinosa de los Monteros (LC), sacerdote mejicano muy conocido ya que ha impartido más de 4.000 conferencias sobre matrimonio, valores familiares y espiritualidad en diferentes ciudades de México, Estados Unidos, Francia, Italia, España y Sudamérica.
Suelo escucharlo todos los
días ya que, en su canal, que, recomiendo, tiene reflexiones sobre siete o diez
minutos, así como meditaciones de media hora. Todas son interesantísimas amén
que nos abren los ojos a la realidad de la vida y también de la Fe que
profesamos.
Esa en cuestión trataba de la
pena de muerte y en esta fue desgranando y explicando el por qué la Iglesia no
admite la pena capital. La última parte fue simplemente fantástica pues dijo
con vehemencia que también se puede considerar pena de muerte, pero esta vez a
seres humanos inocentes e indefensos que no han cometido ningún mal, como son
los nasciturus que son abortados.
Es verdad, el aborto es
sentenciar a pena de muerte la vida de inocentes que no pidieron ser
concebidos. Sé que es dura esta aseveración, pero es una realidad y una verdad
incontestable ante la cultura de la muerte que nos quieren inducir los poderes
públicos y del mundo.
Por eso, y porque soy un
defensor de la Vida, me adhiero a las declaraciones del arzobispo de Sevilla,
Monseñor José Ángel Saiz Meneses, así como las Hermandades y Cofradías con el
Consejo Local a la cabeza que han manifestado su negativa al aborto como
derecho constitucional.

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